Límites / Premio / Castigo?

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El tema de poner límites a nuestros hijos es un tema cada vez más común en esta generación de padres. Todos defienden sus teorías sobre cómo poner límites, cómo educar, qué hacer, qué no hacer, etc.

Me gusta reflexionar y pensar sobre las maneras que tenemos los seres humanos de comportarnos.

Antes que nada, quiero decir que creo que los niños necesitan siempre nuestra orientación como padres, necesitan que les ayudemos a hacer las cosas, desde jugar hasta aprender a atarse los cordones y vestirse solos. También está en nuestras manos enseñarles las reglas, pero más que con discursos, con nuestro ejemplo, los niños están mucho más atentos a lo que hacemos que a lo que decimos.

Creo también que a los niños, por el solo hecho de estar en crecimiento y desarrollo, empezando a descubrir el mundo, no les resulta fácil seguir todo el tiempo las órdenes de los adultos, ellos quieren y prefieren explorar, descubrir por ellos mismos el mundo y sus límites. Claramente hay cosas que son “negociables” y otras que son “innegociables”, por ejemplo: que el niño se ensucie en el barro, es algo bueno, está experimentando con todos sus sentidos, está sintiendo, está aprendiendo, lo mismo sucede con las pinturas, a veces los adultos hacemos un escándalo porque pisó el charco con su zapato nuevo, y le castigamos porque lo hizo, o porque manchó su ropa con pintura. Creo que no podemos considerar las reglas “insignificantes” como estos ejemplos que di, como algo de vida o muerte. Así también, si un niño pequeño quiere salir a la calle solo, claramente no lo puedo permitir, todavía no tiene conciencia suficiente para mirar al cruzar la calle y estar atento, esto sí es algo innegociable, cuando su integridad física, emocional o psicológica se encuentra en juego.

Claramente no es lo mismo que mi hijo le pegue a otro niño, a que se suba a la cama con el zapato sucio. Lo primero no lo puedo permitir, porque tiene que ver con el respeto hacia el otro. Los segundo, no es grave, simplemente le puedo pedir amablemente que se quite el zapato antes de subir a la cama porque va a ensuciar. Pero Si veo que mi hijo está agrediendo a otro niño, lo mejor que puedo hacer es acercarme, apartarlo físicamente, pedirle perdón al niño agredido y a sus padres, y luego hablarle de su conducta, explicarle que su conducta no es correcta porque al otro niño le hizo un daño. Forzarle a que le pida perdón al otro no tiene ningún sentido, pero si con mi ejemplo le muestro cómo pedir disculpas, eso es suficiente.

El niño no aprende de la noche a la mañana, necesita escuchar muchas veces y sobre todo observar. No perdamos la paciencia, ellos están aprendiendo. A veces pienso, que ni a los adultos nos resulta fácil seguir las reglas y normas, o hacer lo que sabemos que está bien, imaginense a un niño. Un adulto que fuma, no tiene la menor duda de que fumar le hace daño, pero de igual modo lo sigue haciendo.

Leí un artículo de Carlos González en donde dice:

No hace falta castigarlos o gritarlos por haber pegado a otro niño, y mucho menos pegarles, con lo que solo les estarías enseñando: “No seas tonto, no pegues a un niño casi tan grande como tú, que te la puede devolver. Espera a ser grande como yo, y entonces podrás pegar a los niños pequeños todo lo que quieras, ves? toma, toma, toma!!”

Mi opinión con respecto al premio y al castigo, es que está formando seres humanos sin “pienso”, sin consciencia. De esa forma no estamos creando seres conscientes, ni libres, ni felices. Estamos creando autómatas que reaccionan frente a estímulos externos, y además le decimos cómo reaccionar. Y además de todo eso, el castigo genera rabia en los chicos, rabia hacia los padres y hacia el mundo. Y además, no ayuda al aprendizaje. No construye.

Otra cosa, que a mi criterio hacemos mal los adultos es asociar cosas buenas o que deberían ser positivas con el castigo. La palabra castigo de por sí ya tiene una connotación negativa, y a veces los profesores o padres, le dan de castigo al chico: leer, estudiar, o hacer más tarea. Cuando deberíamos motivarlos a que esas actividades le generen placer, no dolor. Estoy 100% segura que un chico que recibe de castigo más tarea, o leer un libro, en un futuro jamás va a disfrutar de la lectura de un libro ni de hacer tareas, porque tiene asociada esas actividades a una sensación desagradable, negativa, de dolor. Lo mismo creo que sucede con la famosa “sillita para pensar”, ¿qué mensaje le estamos transmitiendo al niño que cuando hace algo malo, vaya a pensar?. El niño asocia “pensar” con “hice algo malo”, no es bueno. ¿acaso los niños que se portan bien no piensan? ¿pensar de verdad es un castigo?. Enseñarles a pensar a los niños es genial, pero no mandarlos a pensar como castigo.

Creo que como adultos deberíamos replantearnos estos métodos que no tienen ningún éxito. Y seguro que algunos me dirían: “pero a mi si me funciona, ese niño después de ir varias veces a la silla de pensar de a poco se está portando mejor”. Puede ser que sí, pero ¿realmente entiende el por qué de su conducta? o lo hace simplemente por “miedo” al castigo. También escucho mucho la frase de padres que dicen que a ellos le castigaban de chicos y salieron bien. En primer lugar le pediría que me defina “salir bien”, en segundo lugar, creo que no porque así me educaron a mí yo tengo que hacer lo mismo, y en tercer lugar, creo que el mundo en el que nosotros vivíamos de chicos ya no es el mismo que viven nuestros hijos por lo tanto no servirían los mismos métodos.

Creo profundamente que nuestros hijos necesitan una educación basada principalmente en el amor y el respeto. Y estoy segura que si un niño se siente amado y respetado, va a convertirse en un adulto que se ama a sí mismo, sabe dar amor, se respeta y respeta a los demás.

Nadie nace con el manual de padres bajo el brazo, pero si le escuchamos a esa voz que tenemos adentro, esa intuición, esa voz sabe mucho más que cualquier teoría de crianza. Yo cometí muchos errores y seguramente los seguiré cometiendo como madre, pero, al comienzo, estaba desesperada buscando respuestas o ayuda “afuera”, probé varios métodos, hasta que me relajé y decidí seguir mi guía interior, lo que me dice mi intuición y mi corazón, y como madre, vivo mucho más tranquila, en paz, y con la confianza de que hago siempre lo mejor que puedo y lo que sale de adentro mío.

Animo a todos los padres a conectarse con su guía interior, ahí adentro están todas las respuestas, confíen en esa voz interior. Si se escuchan de verdad y siguen su intuición, seguro, seguro están haciendo lo correcto. 

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