Límites / Premio / Castigo?

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El tema de poner límites a nuestros hijos es un tema cada vez más común en esta generación de padres. Todos defienden sus teorías sobre cómo poner límites, cómo educar, qué hacer, qué no hacer, etc.

Me gusta reflexionar y pensar sobre las maneras que tenemos los seres humanos de comportarnos.

Antes que nada, quiero decir que creo que los niños necesitan siempre nuestra orientación como padres, necesitan que les ayudemos a hacer las cosas, desde jugar hasta aprender a atarse los cordones y vestirse solos. También está en nuestras manos enseñarles las reglas, pero más que con discursos, con nuestro ejemplo, los niños están mucho más atentos a lo que hacemos que a lo que decimos.

Creo también que a los niños, por el solo hecho de estar en crecimiento y desarrollo, empezando a descubrir el mundo, no les resulta fácil seguir todo el tiempo las órdenes de los adultos, ellos quieren y prefieren explorar, descubrir por ellos mismos el mundo y sus límites. Claramente hay cosas que son “negociables” y otras que son “innegociables”, por ejemplo: que el niño se ensucie en el barro, es algo bueno, está experimentando con todos sus sentidos, está sintiendo, está aprendiendo, lo mismo sucede con las pinturas, a veces los adultos hacemos un escándalo porque pisó el charco con su zapato nuevo, y le castigamos porque lo hizo, o porque manchó su ropa con pintura. Creo que no podemos considerar las reglas “insignificantes” como estos ejemplos que di, como algo de vida o muerte. Así también, si un niño pequeño quiere salir a la calle solo, claramente no lo puedo permitir, todavía no tiene conciencia suficiente para mirar al cruzar la calle y estar atento, esto sí es algo innegociable, cuando su integridad física, emocional o psicológica se encuentra en juego.

Claramente no es lo mismo que mi hijo le pegue a otro niño, a que se suba a la cama con el zapato sucio. Lo primero no lo puedo permitir, porque tiene que ver con el respeto hacia el otro. Los segundo, no es grave, simplemente le puedo pedir amablemente que se quite el zapato antes de subir a la cama porque va a ensuciar. Pero Si veo que mi hijo está agrediendo a otro niño, lo mejor que puedo hacer es acercarme, apartarlo físicamente, pedirle perdón al niño agredido y a sus padres, y luego hablarle de su conducta, explicarle que su conducta no es correcta porque al otro niño le hizo un daño. Forzarle a que le pida perdón al otro no tiene ningún sentido, pero si con mi ejemplo le muestro cómo pedir disculpas, eso es suficiente.

El niño no aprende de la noche a la mañana, necesita escuchar muchas veces y sobre todo observar. No perdamos la paciencia, ellos están aprendiendo. A veces pienso, que ni a los adultos nos resulta fácil seguir las reglas y normas, o hacer lo que sabemos que está bien, imaginense a un niño. Un adulto que fuma, no tiene la menor duda de que fumar le hace daño, pero de igual modo lo sigue haciendo.

Leí un artículo de Carlos González en donde dice:

No hace falta castigarlos o gritarlos por haber pegado a otro niño, y mucho menos pegarles, con lo que solo les estarías enseñando: “No seas tonto, no pegues a un niño casi tan grande como tú, que te la puede devolver. Espera a ser grande como yo, y entonces podrás pegar a los niños pequeños todo lo que quieras, ves? toma, toma, toma!!”

Mi opinión con respecto al premio y al castigo, es que está formando seres humanos sin “pienso”, sin consciencia. De esa forma no estamos creando seres conscientes, ni libres, ni felices. Estamos creando autómatas que reaccionan frente a estímulos externos, y además le decimos cómo reaccionar. Y además de todo eso, el castigo genera rabia en los chicos, rabia hacia los padres y hacia el mundo. Y además, no ayuda al aprendizaje. No construye.

Otra cosa, que a mi criterio hacemos mal los adultos es asociar cosas buenas o que deberían ser positivas con el castigo. La palabra castigo de por sí ya tiene una connotación negativa, y a veces los profesores o padres, le dan de castigo al chico: leer, estudiar, o hacer más tarea. Cuando deberíamos motivarlos a que esas actividades le generen placer, no dolor. Estoy 100% segura que un chico que recibe de castigo más tarea, o leer un libro, en un futuro jamás va a disfrutar de la lectura de un libro ni de hacer tareas, porque tiene asociada esas actividades a una sensación desagradable, negativa, de dolor. Lo mismo creo que sucede con la famosa “sillita para pensar”, ¿qué mensaje le estamos transmitiendo al niño que cuando hace algo malo, vaya a pensar?. El niño asocia “pensar” con “hice algo malo”, no es bueno. ¿acaso los niños que se portan bien no piensan? ¿pensar de verdad es un castigo?. Enseñarles a pensar a los niños es genial, pero no mandarlos a pensar como castigo.

Creo que como adultos deberíamos replantearnos estos métodos que no tienen ningún éxito. Y seguro que algunos me dirían: “pero a mi si me funciona, ese niño después de ir varias veces a la silla de pensar de a poco se está portando mejor”. Puede ser que sí, pero ¿realmente entiende el por qué de su conducta? o lo hace simplemente por “miedo” al castigo. También escucho mucho la frase de padres que dicen que a ellos le castigaban de chicos y salieron bien. En primer lugar le pediría que me defina “salir bien”, en segundo lugar, creo que no porque así me educaron a mí yo tengo que hacer lo mismo, y en tercer lugar, creo que el mundo en el que nosotros vivíamos de chicos ya no es el mismo que viven nuestros hijos por lo tanto no servirían los mismos métodos.

Creo profundamente que nuestros hijos necesitan una educación basada principalmente en el amor y el respeto. Y estoy segura que si un niño se siente amado y respetado, va a convertirse en un adulto que se ama a sí mismo, sabe dar amor, se respeta y respeta a los demás.

Nadie nace con el manual de padres bajo el brazo, pero si le escuchamos a esa voz que tenemos adentro, esa intuición, esa voz sabe mucho más que cualquier teoría de crianza. Yo cometí muchos errores y seguramente los seguiré cometiendo como madre, pero, al comienzo, estaba desesperada buscando respuestas o ayuda “afuera”, probé varios métodos, hasta que me relajé y decidí seguir mi guía interior, lo que me dice mi intuición y mi corazón, y como madre, vivo mucho más tranquila, en paz, y con la confianza de que hago siempre lo mejor que puedo y lo que sale de adentro mío.

Animo a todos los padres a conectarse con su guía interior, ahí adentro están todas las respuestas, confíen en esa voz interior. Si se escuchan de verdad y siguen su intuición, seguro, seguro están haciendo lo correcto. 

Albert Einstein una vez dijo: “Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido”.
 
La educación de hoy en día no sólo hace que los peces trepen árboles, sino que también les hace bajar del árbol, y realizar una carrera de 10 millas. La escuela está convirtiendo a miles y miles de niños en robots, muchísimos niños se identifican con esos peces, nadando contra corriente en clase, nunca encontrando sus dones, pensando que son estúpidos, creyendo que son inútiles.
 
De esta manera están matando la creatividad y la individualidad de los niños. En un siglo, nada a cambiado en la escuela, no podemos seguir con la misma estructura educativa de hace más de 150 años, y pretender prepararles para el futuro.
 
Les invito a ver este video espectacular, que nos ayuda a reflexionar sobre el sistema educativo.

Límites con Afecto.

Ser padres y madres hoy en día es una de las tareas más maravillosas que existe, no sólo hoy en día, siempre lo fue, pero creo que HOY, con las características del mundo en que vivimos y los grandes cambios que se dieron en el mundo, este rol se vuelve cada vez más complejo. Los avances de la tecnología hicieron que todo lo que conocíamos cambie de forma, las relaciones interpersonales, la velocidad, el espacio, el tiempo. Antes las cartas que enviábamos a nuestros amigos o familiares que estaban en otro país, tardaban días en llegar, hoy en día tardan un “clic”, para retroceder una película o una casette de música, debíamos esperar y tener mucha paciencia, hoy en día, tarda un “clic”, antes debíamos esperar poder sacar 24 o 36 fotos para poder llevarlas a revelar, lo cual tardaba 1 o 2 días, hoy en día demoramos segundos para ver la foto que acabamos de sacar. Todo era más lento, y todos desarrollábamos la “paciencia” como algo natural. Hoy está instalada la cultura del “llame ya”, de la comodidad y del mínimo esfuerzo.

Los padres de HOY hemos vivido como hijos en un mundo totalmente diferente al que nos toca vivir como padres, es por eso que a veces nos cuesta tanto entender a nuestros hijos, porque ellos vienen con otro chip, y nosotros necesitamos desinstalar los programas que teníamos para reprogramar otros nuevos, que nos ayuden a leer el mundo de nuestros hijos. Los hijos no vienen con un manual de instrucciones, el ser padres se aprende de la experiencia, y la mayoría de las veces repitiendo ciertos patrones que hemos recibido de nuestros padres, pero que hoy en día ya no nos sirven. Necesitamos nuevas maneras que se adapten a las características tanto del mundo  de hoy, como de los hijos.

Nuestros hijos necesitan tener límites en la vida, los límites son pautas de comportamientos esperadas dentro de un contexto dado, y se desprenden siempre de ciertos valores. A veces confundimos los límites con castigos, con autoritarismo o con prohibiciones y violencia. Para poner un límite no es necesario utilizar la violencia ni el castigo, el límite que se pone con cariño, afecto, respeto y amor, es mucho más valioso.

Creo que necesitamos una educación que se base en el amor y el respeto, y cuando hablo de respeto me refiero a respetar sus procesos, sus tiempos, sus ritmos, sus necesidades, sus estilos, sus gustos, sus potencialidades. El respeto viene desde el nacimiento, un nacimiento respetado, un parto respetado en sus tiempos y desarrollos naturales, y luego un crecimiento emocional y físico respetados.

No estamos acostumbrados a hablar de las emociones con nuestros hijos, sería interesante introducir en el lenguaje diario, los nombres de las emociones, existen una amplia gama de emociones, y no las nombramos, ni siquiera las identificamos, las emociones se alojan siempre en el cuerpo, y en cada persona de manera particular.

Preguntarles a nuestros hijos cómo se sienten, y ayudarlos a ponerle nombre a lo que les pasa, ayuda a que se conecten con su cuerpo, a identificar en qué parte sienten esa emoción, ellos no nacen sabiendo los nombres de las emociones, somos nosotros los padres los que les vamos mostrando.

Los niños aprenden lo que viven, lo que ven, y lo que escuchan, un niño que se siente respetado, y que ve que sus padres se respetan, no necesita que le enseñen a respetar. Un niño que recibe agresiones tanto físicas como verbales, no se siente respetado, y por lo tanto probablemente se comporte de manera violenta y no sepa respetar a los demás. Los gritos, los golpes y la violencia no construyen ninguna relación, al contrario, la destruyen, rompen los vínculos y hacen que las personas se alejen en lugar de acercarse.

Un niño que logra estar en contacto con sus propias necesidades y emociones, más adelante será capaz de ver las necesidades de los demás y de entender sus emociones.

El ejemplo juega un papel muy importante, no podemos pedirles que no peguen si nosotros les pegamos, no podemos decirles a los gritos que no griten, pedirles respeto si no los respetamos, o si no respetamos a los demás.

¿Cómo enseñar a los niños a canalizar sus emociones y sentimientos?

Por ejemplo, cuando el niño viene llorando y empieza a tirar todos los juguetes, en lugar de retarles y mandarles a su pieza, lo ideal sería poder ayudarlos a identificar qué están sintiendo, validar su emoción, y mostrarle maneras ¨aceptables ¨de reaccionar o de descargar esa emoción, por ejemplo, le podemos decir: ¨entiendo que sientes rabia, a mi también a veces me sucede, pero no está permitido que tires las cosas, ni que lastimes a otros, lo que podemos hacer es…….. ¨y aquí darles las opciones: pegar un almohadón, correr, bañarse, gritar, tirar pelotas contra la pared, etc. La emoción no es mala en sí misma, lo que hacemos con ella es lo que está mal o bien.

Entonces como padres deberíamos primero ayudarlos a identificar y ponerle nombre a esa emoción, y luego analizar qué podemos hacer con eso, y darle un abanico de posibilidades ¨aceptables ¨pero nunca negar la emoción, porque la emoción es legítima, es válida.

Y siempre que corregimos a nuestros hijos, hagámoslo corrigiendo su ¨hacer ¨, corregir la acción, porque cuando nos metemos a corregir su ¨ser ¨ estamos entrando al terreno de la esencia del niño, y el niño no es malo, no es cabezudo, no es desobediente, no es torpe, el niño hace ciertas cosas, y eso es lo que debemos corregir.

¿Existe alguna forma correcta de que un niño exprese una emoción percibida como negativa?

Partiendo de la base que no hay emociones positivas o negativas, las emociones son válidas en sí mismas y deberían tener la misma aceptación. Las rabietas por ejemplo, son saludables y válidas, de hecho, son una expresión emocional (con la intensidad que caracteriza a la edad), siempre que los padres las aborden de una manera saludable. Lo que sucede a menudo es que los padres tratan de evitar las rabietas porque les produce un rechazo, o por miedo a lo que dirán los que están observando. Si hay una rabieta no pasa nada, lo que importa es cómo la abordamos. Tendemos a catalogar a los niños como malos, si tienen rabietas, y buenos, si no las tienen, muchas veces la represión de una rabieta es la base de la sumisión.

Cuando no aceptamos las expresiones emocionales de nuestros hijos, o las reprimimos, estas emociones no desaparecen, simplemente se transforman, se acumulan, y más adelante suelen salir por otro lado y de forma multiplicada.

La sociedad, más adelante, pide a esos mismos niños que sean adultos innovadores, creativos, independientes, y pro activos, pero desde pequeños los hemos condicionado a todo lo contrario.

De la misma forma como reprimir las emociones es dañino, negarlas es lo mismo, deberíamos evitar las frases como: “no pasa nada”, ya que de ese modo le quitamos valor a lo que sienten, y realmente sí pasa algo, por eso lo está expresando.

La mejor forma de expresar las emociones, es expresándola. Proporcionando alternativas para expresar por ejemplo la rabia, el enojo, etc. Pero nunca negándolas.

Lo importante es validar sus emociones y sentimientos. Simplemente acompañarles diciéndoles por ejemplo: ¨entiendo como te sientes ¨, ¨se que estas enojado o triste por tal cosa ¨, y acompañarles con un abrazo, o haciéndoles saber que estamos disponibles para lo que necesiten.

¿Cuál es la diferencia entre un Castigo y una Consecuencia Lógica?

El Castigo:

  • Es algo “externo” a la conducta del niño, por cada conducta del niño con la que no estamos de acuerdo, tendemos a castigarle de diferentes maneras: mandándole a la pieza a pensar, al rincón, o dándole un golpe. El niño no encuentra una relación entre su conducta y el que le ha sido impuesto.
  • No lleva a un cambio “voluntario” del niño, ya que no hay comprensión.
  • Aparentemente puede haber un cambio de conducta pero solo por temor al castigo, no porque haya habido una comprensión.
  • La responsabilidad de lo que hizo, de su conducta, no es de el niño, es de la persona que lo castiga, es decir, se manifiesta en presencia de “el castigador”
  • No existe el respeto, ya que no hay diálogo, por lo tanto no hay comprensión de los motivos que llevaron a la transgresión.
  • Provoca resentimiento en el niño, ya que no hay respeto por parte de los adultos.
  • No se genera ningún tipo de aprendizaje y es destructivo

Las Consecuencias Lógicas:

  • Como su nombre lo indica, son consecuencias de la conducta del niño, y esto lleva a que el niño tome responsabilidad por lo que ha causado su conducta, por lo tanto, es algo “interno” a su conducta.
  • Favorece el autocontrol.
  • Existe un respeto hacia el niño, perseverando su dignidad.
  • Entiende que el niño está en etapa de crecimiento y aprendizaje, por lo tanto, si tiene conductas destructivas o dañinas, puede aprender de ellas y corregirlas, si estamos ahí los adultos para mostrarles el camino.
  • Se focalizan directamente sobre la conducta específica del niño
  • Dan la posibilidad al niño de reparar el daño ocasionado.
  • Hay aprendizaje de por medio y es constructivo

¿Cómo aplicar una consecuencia Lógica o natural?

Pues, depende de la conducta del niño, si por ejemplo, el niño tiró todos los juguetes al piso porque se enojó, la consecuencia natural de ese acto sería: volver a ordenar todos los juguetes, y eso podemos hacerlo luego de haber dialogado con él y validado su “emoción” de enojo, pero corregimos su “hacer”, no su emoción, lo que hizo fue lo que queremos corregir, y para eso podemos darle muchas opciones de qué hacer cuando está enojado en lugar de tirar todos los juguetes. Podemos decirle: “Entiendo que estés enojado, yo también a veces me enojo, pero no podemos tirar todas las cosas cada vez que nos enojamos, lo que podemos hacer es: comunicar lo que me enoja, salir un rato a correr, saltar, chutar una pelota contra la pared, ir a bañarme, gritar, etc. cualquier cosa que no implique hacerme daño a mi o a otros.

La rabia o el enojo, son emociones con una carga energética muy fuerte que se aloja en el cuerpo y es necesario encontrar la vía de escape, es como si prendiéramos la manguera y tapásemos la punta con el dedo, si no dejamos salir el agua, la manguera puede explotar, bueno, las emociones funcionan de la misma manera, hay emociones que necesitan ser descargadas para que no exploten haciéndonos daño.

Entonces, partiendo de la base, que el niño no sabe cómo descargar esa emoción, a veces ni siquiera sabe qué nombre ponerle a eso que siente, nuestra tarea como padres es mostrarles el camino, ayudarles a ponerle nombre a la emoción, validar sus emociones, sin juzgarlas, y ayudarles a buscar maneras de resolver lo que les pasa.

Y recuerden: Al corregirles, no corrijan su “SER”, corrijan su “HACER”. De esta manera estaremos respetando a nuestros hijos entendiendo que están creciendo y aprendiendo.

Porque CREO, lo CREO en mi vida… el mejor mensaje para nuestros hijos

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El mejor regalo que les podemos hacer a nuestros hijos es enseñarles a creer en ellos mismos.

Como padres tenemos la gran oportunidad de tirar la soga o la balanza hacia el amor y la confianza, de enseñarles a nuestros hijos a creer y confiar en ellos mismos, y en los demás. Si en lugar de eso, la balanza se inclina hacia la desconfianza y el miedo, estaríamos dificultando el crecimiento de nuestros hijos, el miedo en la mayoría de los casos inmoviliza, paraliza, y no nos ayuda a crecer, lo mismo que la desconfianza.

¿Cómo hacemos eso?

Amando, confiando en sus habilidades, respetando y permitiendo que  tomen sus propias decisiones, y si se equivocan que aprendan a asumir la responsabilidad de las consecuencias de esa decisión.

Los niños nacen con la idea de que pueden conseguirlo todo, nacen con confianza, tanto en sí mismo con en los demás, es la educación, la sociedad, la familia, la iglesia, y también su propia experiencia la que le va tiñendo la vida de amor o miedo, de confianza o desconfianza.

Los patrones cerebrales que se van construyendo a lo largo de la experiencia del niño ayudan o lastiman cada aspecto de su vida, como también sus momentos de placer o dolor.

Si yo como madre, estoy todo el tiempo decidiendo por ellos, pensando por ellos, planificando por ellos, etc etc, les estoy privando de la hermosa posibilidad de elegir, de cometer sus propios errores, de caerse, de frustrarse, y de vivir la experiencia de qué pasa con lo que decido, qué pasa cuando fallo, qué pasa cuando algo me sale bien, o cuando algo me sale mal, esa sensación de sentirse “competente”, o de sentirse “capaz de decidir” es muy importante para el crecimiento, no importa si se equivocan, es parte de la vida, y con esa equivocación tienen la posibilidad de salir adelante, de empezar de nuevo, de inventar nuevos caminos, de ver nuevas estrategias.

Sí es importante que los padres estemos ahí para apoyarles, para contenerles y para respetar sus decisiones aunque no hayan sido las mejores. Eso no es lo importante, el proceso es mucho más importante que el resultado, y demostrarles que les queremos y que nuestro amor es incondicional independientemente de lo que hagan o decidan.

Y aquí me parece interesante distinguir entre qué es lo que estoy corrigiendo con mis hijos, su “SER” o su “HACER”. Cuando le digo frases como: “Sos un desastre”, “sos desordenado”, “Sos irresponsable”, etc. estoy juzgando directamente su SER, su esencia, y todo lo que tiene que ver con mi esencia me define con pocas posibilidades de cambio, por ejemplo, si una mesa es mesa, difícilmente pueda ser silla.

Ahora bien, si yo le corrijo en su “HACER”, no lo estoy determinando, solamente hablo sobre su acción, por ejemplo: “Esto que hiciste recién, a mí me hizo sentir de tal o cual manera…” “Cuando tiraste todas tus cosas al piso, la pieza quedó muy desordenada y ahora queremos volver a poner todo en su lugar”, corrigiendo su “HACER” estoy protegiendo al niño de que se programe en su mente una etiqueta (Soy desordenado, soy malo, soy desobediente, etc).

El Hacer se puede cambiar, el ser forma parte de mi esencia. Con el Ser me siento etiquetado, con el hacer me siento responsable y siento que puedo hacer algo diferente para cambiar la situación.

Cuando un niño es educado en la confianza y el amor, difícilmente encuentre trabas para salir adelante, y si las encuentra, sabrá utilizarlas a su favor, no en su contra, las utilizará como trampolín para salir adelante, no como muralla.

Volviendo al título del post, “Lo Creo porque lo CREO”, parece un juego de palabras, pero se refiere a las palabras Creer y Crear, que puestas en primera persona suenan igual, si yo CREO (de creer, tengo la creencia de que puedo), entonces, lo CREO (de crear, lo estoy creando en mi vida).

Somos capaces de crear todo lo que yo crea. Y poder transmitirles este mensaje a nuestros hijos estoy segura de que los convertiría en seres mucho más libres, más felices, más conectados con ellos mismos y con el universo, entender que depende de ellos mismos el tipo y estilo de vida que quieran llevar, el tipo de comportamiento que decidan tener, de qué humor se van a enfrentar al día, que no son “víctimas” de las circunstancias, sino que son “protagonistas” activos de sus vidas, y que ellos tienen el poder para cambiar todo aquello que no se ajusta con lo que quieren.

Aprovechemos esta gran oportunidad que tenemos como padres y madres de ayudarles a nuestros hijos a mirar, pensar e imaginar siempre en positivo, si estamos todo el tiempo enfocando en lo negativo, eso nos estanca, y nos frena, nos limita, no nos permite crecer ni construir.

Regalemos a nuestros hijos la llave de su propia vida, creyendo en ellos, confiando en que pueden hacerlo (aunque se equivoquen y se caigan mil veces), respetando sus procesos, sus ritmos, sus estilos, y por sobre todo su esencia (Su SER), corrijamos todas sus conductas desde sus Acciones, desde su HACER, respetando siempre su SER.

La crianza desde el Amor y el Respeto

Comparto con ustedes una nota que me hicieron para una revista. Que lo disfruten!

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Antes de empezar a hablar, quiero aclarar que no creo que exista una verdad absoluta y universal con respecto a la crianza, los tiempos van cambiando, las culturas, la información, las necesidades, la manera de ver el mundo, todo cambia todo el tiempo. Por lo tanto creo que la crianza también cambia, y finalmente lo más importante, desde mi sistema de creencias, es que la madre pueda vivir su maternidad desde la conciencia y el amor, conectada a las necesidades de sus hijos, y confiando en su instinto, en su poder de madre. Creo firmemente que si una madre confía en sí misma, le puede transmitir a los hijos esa confianza tan necesaria para su crecimiento emocional en la vida.

Creo que hay tantos estilos de crianza como madres y padres hay en el mundo, y no hay una solo forma de criar bien a los hijos. Pero si creo que hay ciertos criterios que pueden servir de guía a la hora de criar a nuestros hijos.

EL NACIMIENTO y EL PRIMER AÑO

Cuando el bebé nace, pasa de un estado de total contención (el vientre materno, en donde no siente frío, hambre, calor, sed, ni dolores, vive en un contexto húmedo, no tiene que sostener su cuerpo, recibe el sonido amortiguado), a recibir un bombardeo de sensaciones desconocidas para él, recibe a través de sus 5 sentidos todo tipo de cosas extrañas. Lo único que necesita en este momento es: “una atmósfera de seguridad, confianza y amor”.

Los primeros meses de vida son claves para formar la base, el cimiento emocional para el despliegue de la vida del niño. Lo más importante en el primer año de vida es que pueda sentirse seguro, amado, respetado, tenido en cuenta, y con total confianza en sí mismo y en los demás. Los primeros años son el momento clave, el cimiento de la constitución emocional, corporal, afectiva y espiritual.

“Según cómo hemos sido amados, protegidos, resguardados, amparados y tocados, es como desplegaremos nuestra vida futura”. Laura Gutman.

Partiendo de esta premisa, todas las dudas que puedan tener las madres sobre si lo están haciendo bien o mal, pueden hacerse la pregunta: ¿lo estoy haciendo con amor? ¿lo estoy haciendo con confianza? ¿Estoy respetando las necesidades de mi bebé? ¿le estoy prestando atención con cariño y amor? ¿le estoy transmitiendo seguridad? ¿acudo a su llamado amorosamente?… si las respuestas son SI, no importa cómo, o qué estamos haciendo, con total seguridad es lo mejor para el bebé, y seguro lo están haciendo bien.

 

• ¿ Cargar a un niño, lo vuelve más seguro?

Como decíamos anteriormente, el bebé necesita seguridad y confianza, por lo tanto estar en contacto con el cuerpo de su madre lo ayuda a sentirse seguro, ya que ese contacto le brinda el mismo bienestar natural que sentía en el vientre amoroso de su madre. Cuando un bebé no es sostenido la mayor parte del tiempo por algún adulto amoroso, puede llegar a sentirse vacío, traicionado y con miedo. Al no ser atendido y contenido repetidas veces o la mayoría del tiempo, puede experimentar soledad, temor, silencio y termina resignandose a no esperar de su madre o los adultos la satisfacción de sus necesidades básicas (recibir amor, contención, sostén, caricias, miradas amorosas).

El niño que aún no tiene independencia de movimiento, necesita mucho contacto, amor y sostén para poder desarrollar esa seguridad y confianza que necesita para lanzarse al mundo de las relaciones personales. Entonces un niño que recibió esa confianza, ese arraigo emocional y esa contención amorosa, se sentirá seguro para enfrentar las nuevas experiencias, desafíos para la realización personal posterior.

“Los niños necesitan una sola cosa: estar muy cerca del cuerpo de las madres. Todo lo demás es aleatorio. Incluso en medio de acontecimientos difíciles, el cuerpo de la madre sustituye la peor calamidad”. Laura Gutman

 

• Pareciera que cargar al niño es sinónimo de malcriar, ¿qué piensas al respecto?

En la primera etapa de la vida, lo más importante es el “bienestar” del bebé, esto hace la diferencia. Algo que nadie nos cuenta cuando estamos embarazadas, es que una vez que nace el bebé empezamos a compartir el mismo “espacio emocional” con ellos, todavía no se ha convertido en “otro” por más que ya no esté en el útero materno, a este fenómeno se lo conoce con el nombre de “fusión emocional”, lo cual significa que no hay fronteras entre el espacio emocional de la madre y el espacio emocional del niño. No es posible identificarlos separadamente.

Así que la respuesta a tu pregunta es: tengo la creencia de que cuanto más tiempo el bebé esté pegado a la madre, más seguro y confiado se volverá. Lo que yo entiendo por la palabra “malcriar” es: no atender a las necesidades de nuestros hijos, dejarlos solos, no respetarlos. Así que, no creo que una madre que está constantemente alzando a su hijo lo esté malcriando, creo que por el contrario, le está brindando amor, seguridad y confianza.

Luego del nacimiento, donde el bebé abandona ese estado de bienestar total que le ofrece el útero materno, solamente necesita una cosa: “los brazos de su madre”, esto le ayudará a organizar la cantidad de sensaciones nuevas con las que se encuentra fuera del útero, desde: pasar de un estado líquido a uno seco, empezar a respirar a través de sus pulmones, regular la temperatura de su cuerpo, cambiar de postura y mantener la cabeza erguida, escuchar el sonido de forma diferente, etc.

 

• ¿Y si un niño que ya no es un bebé, a los 2 o 3 años te pide que le alces en brazos?

Nadie pide lo que no necesita. Si un niño te pide que lo alces en brazos, es porque lo necesita en ese momento, ya sea porque está necesitando la seguridad y contención de un adulto, porque se siente inseguro, a lo mejor no tuvo suficiente cuando era pequeño, no importa el motivo y tampoco importa si ya es grande o no parece adecuado para su edad, si lo pide es porque lo necesita.

Por suerte el niño tiene la capacidad de pedir y de solicitar algo que necesita a nivel emocional (caricias, abrazos, besos, que se lo alce en brazos, tiempo de contacto, etc), así mismo, los adultos deberíamos desarrollar la capacidad de leer esos mensajes y dar respuesta, y evitar las frases del tipo: “ya sos grande para esto”, o preocuparnos porque nos parece que tiene un problema o una regresión. Esto es tan simple: “el niño pide lo que necesita”, y lo mejor que podemos hacer los adultos es responder amorosamente a su pedido.

 

• ¿ Es recomendable que el bebé duerma con los padres?

Hay familias que optan por traer al bebé a dormir a la cama matrimonial (colecho), algunas porque es más práctico o más agradable, o porque es más fácil. Existe una presión muy grande al respecto, hay teorías que dicen que eso está mal, que hay que acostumbrarlo a su cuna, para que sea más independiente, o le producirán algún trauma psicológico.

Pero la respuesta es NO, no está mal que el bebé duerma con los padres, si la decisión es tomada libremente por los padres, ya sea porque así duermen mejor, o porque el bebé solo se calma cuando está con los padres, o porque los padres descansan más, sea por lo que fuera, la decisión es lo mejor para el bebé y los padres, entonces es la mejor decisión.

Si por el contrario, el bebé duerme mejor en su cuna, además la cama de los padres es chica y no duermen cómodos con el bebé en el medio, y si libremente eligen que duerma en la cuna porque es lo mejor para todos, pues también es la mejor decisión.

De todas maneras, hay que tener en cuenta que cuando el bebé nace, todavía no está preparado para dar un salto al vacío, a una cuna fría y sin contacto, sin sensación de vida. Necesita que sus necesidades básicas sean cubiertas y atendidas con cariño. Y cuando esas necesidades básicas no son atendidas, el bebé se resigna y aparecen el miedo y el enojo, y más adelante, cuando sea más grande, se convertirá en alguien con desconfianza, y sin arraigo emocional.

La mejor decisión es aquella que es tomada libremente y sin presiones por los padres porque sienten que es lo mejor para el bebé y para ellos. No hay recetas mágicas, es cuestión de que la decisión sea tomada según las necesidades del niño y de los padres, desde el amor y el respeto.
• Antes se buscaba que los niños estuvieran hasta los 5 o 6 años en su ambiente familiar y ahora se los lleva al jardín ya a los 2 años para que socialicen. ¿Qué es lo mejor?

Los tiempos cambiaron, hace 50 años casi ningún niño iba a la guardería, y de igual manera aprendían a hablar, a escribir, a sumar y podían socializar. Hoy en día, la mayoría de las madres trabajan y necesitan dejar a sus hijos en la guardería cada vez a más temprana edad. Hay padres que creen que el niño necesita ir a la guardería para poder socializar, aprender más, etc. Hay madres que hacen un enorme esfuerzo económico para enviar a sus hijos a la guardería aunque no trabajen.

Como ya he dicho antes, creo que la mejor decisión es la que se toma con conciencia y en confianza, creyendo que es lo mejor para el niño. Depende mucho del desarrollo evolutivo emocional del niño. Un niño que ha recibido la contención emocional y las respuestas a sus necesidades básicas de seguridad y confianza con la madre o algún adulto amoroso, es un niño que aprendió la importancia del vínculo con otra persona y se siente seguro y tranquilo, así que está preparado para poder relacionarse con otros adultos y otros niños.

Sin embargo, la separación de dos personas que están unidas por un vínculo amoroso la mayoría de las veces produce intranquilidad en ambas. En la medida en que la madre muestra confianza en la decisión de llevarlo a una guardería, y tiene confianza tanto con el lugar como con las profes, el niño va a percibir esa seguridad de la madre y le resultará mucho más fácil quedarse.

Es normal que los primeros días llore, ya que se produce un efecto similar al nacimiento, el niño pasa de un ambiente conocido (la casa) a uno desconocido, con personas desconocidas, olores desconocidos, ruidos y cosas desconocidas, entonces vuelve a necesitar lo mismo que necesitaba de la madre al nacer: seguridad y confianza, sólo que ahora por parte de las profesoras. Cada niño tiene su proceso y ritmo de adaptación y es importante respetarlo, algunos enseguida se sienten seguros y se integran, y otros necesitan más tiempo.

Seguramente el niño que vive esta separación de la madre, necesite un contacto físico y verbal especial para volver a tranquilizarse y sentirse seguro, y a lo mejor pida más tiempo de contacto por la tarde o por la noche.

 

• ¿Qué pensas sobre el tema del castigo físico o eso de premiar la conducta de los hijos?.

Desde mi sistema de creencias, el castigo es innecesario en la educación de los hijos, la palabra “castigo” está relacionada siempre a algo “malo”, y creo que esto no impulsa a aprender ni construye nada.

Además, pienso que el castigo casi nunca está vinculado al hecho. Por ejemplo: le pegó a su hermana, y le mando a su pieza, tiró los juguetes, y le mando a su pieza, no quiso comer la cena y le mando a su pieza. Está totalmente desconectado el hecho con el castigo, por lo tanto es muy difícil que haya aprendizaje.

Se pusieron de moda muchas formas nuevas de castigo, como por ejemplo “la sillita de pensar”, tanto en las familias como en los colegios, el mensaje que le transmitimos con este sistema es que “pensar es un castigo”, ¿acaso los niños que se portan bien no piensan? Creo que somos los padres y los maestros los que tenemos que pensar más antes de meter la pata. Lo que pasa con el castigo o la silla de pensar es que son soluciones fáciles y rápidas, y lastimosamente los adultos tendemos a elegir siempre lo más rápido en lugar de pasar más tiempo con nuestros hijos, escucharlos, prestarles atención, y mostrarles más confianza.

Con respecto a “los premios” pasa lo mismo, está desconectado del hecho, “si sacas buenas notas te compro un helado” y por lo tanto, “si sacas malas notas no te compro helado” (castigo).

Con los premios le acostumbramos a nuestros hijos a hacer algo para recibir algo a cambio, los premios rebajan la calidad moral del acto, ya que se hace las cosas para obtener algo, si le pedimos a nuestros hijos que ordenen el lugar donde jugaron, pueden sentirse orgullosos porque ha hecho algo por sí solos, y le podemos comentar que es agradable ver los juguetes ordenados y más fácil de encontrar las cosas. Sin embargo si les decimos: “si ordenas el lugar de juegos te llevo al cine, o te cuento un cuento”, el niño aprende que solamente cuando recibe algo a cambio vale la pena ordenar.

Y los padres deberíamos cuestionarnos: ¿Me siento bien premiando a mi hijo para que haga algo? ¿no sería mejor llevarlo al cine, o contarle un cuento porque disfruto de su compañía, o porque me gusta pasar tiempo con él?. Ese es el mensaje que necesitan nuestros hijos, saber que disfrutamos de su compañía, que el tiempo que pasamos con ellos es valioso y no se compra ni se vende.

Creo que los premios son inútiles y muchas veces contraproducentes. El premio sólo sirve cuando la oferta está en vigor, cuando se retira el premio hay un efecto rebote, y se vuelve al nivel anterior.

El premio y el castigo son “motivaciones externas”, es decir, se encuentran afuera de la persona, y no dependen de ella. El premio hace que el niño se pierda la maravillosa experiencia de sentir la “motivación interna”, de sentir que hacemos las cosas porque nos gusta, porque tenemos ganas, porque nos da mucha alegría hacerla, porque se nos ha ocurrido la idea, eso hace que lo hagamos más y mejor.

Una buena manera de corregir o guiar a nuestros hijos cuando tuvieron una conducta que no es aceptada, es pensar en cuál sería la “consecuencia lógica” de su acto. Por ejemplo: el niño desordenó su cuarto de juegos tirando todos los juguetes, la consecuencia lógica sería: volver a arreglar su cuarto, incluso podemos mostrarle y ayudarle a ordenar pero permitiendo que él también lo haga. Si le pegó a su hermana, la consecuencia lógica sería reparar la relación con ella, y la respuesta puede salir del mismo niño. Si el niño no come, en lugar de enviarlo a su cuarto u obligarlo a comer, la consecuencia lógica sería que más tarde tendrá hambre, y en ese momento puede comer. Esta manera de educar, sin dudas lleva más tiempo y creatividad por parte de los padres, pero estoy segura que genera aprendizaje en los niños.

 

En conclusión: Creo que cada vez que nace un niño, nace una madre y un padre. Si aprendemos a mirar a nuestros hijos desde el amor y el respeto como seres humanos, a brindarles cariño, amor, contención, caricias, a no dejarlos llorar, a alzarlos cuando necesitan, a besarlos y a decirles cuanto los queremos, estoy segura que criaremos hijos felices, seguros y confiados.

La Educación Prohibida

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Hace mucho tiempo que me hace mucho ruido el tema de la educación de HOY, del sistema educativo y de su puesta en marcha. En los últimos años el mundo ha avanzado vertiginosamente sin embargo el sistema educativo se mantiene intacto con algunos que otros intentos de cambios de forma, pero no de fondo. El sistema educativo aplicado en la mayoría de los colegios y escuelas es obsoleto, ya no sirve para el mundo que estamos viviendo, es necesario y urgente replantear un cambio de fondo.

La educación busca adaptar a los niños al sistema, mientras lo que debería hacer es adaptar el sistema al niño, partiendo de la base que cada ser humano es único, con características diferentes, con ritmos de aprendizaje diferentes, con estilos, formas, intereses y motivaciones diferentes. No podemos seguir forzando a los niños a que todos aprendan de la misma manera, en el mismo tiempo, a la misma velocidad y a la misma edad. Los niños no están vacíos, tienen sus propios ritmos, sus propios intereses, sus motivaciones, sus estilos personales, no podemos seguir intentando moldearlos, como si fueran unas galletitas a las que le damos forma y salen todos del mismo molde.

El crecer es innato del ser humano, no necesitamos forzar o guiar el crecimiento del niño, sino lo que deberíamos hacer es crear las condiciones, satisfacer los recursos necesarios para que se de el aprendizaje, en un entorno que respete y satisfaga las necesidades básicas necesarias para el desarrollo. El entorno escolar debe brindarle a los niños: Amor, seguridad, respeto, alimento y confianza. El amor es uno de los elementos fundamentales para el desarrollo y el crecimiento, sin embargo la educación de hoy se basa principalmente en amenazas, premios y castigos. Hay una falta de la capacidad de amar incondicionalmente. Los premios y castigos manipulan las necesidades básicas y el niño va perdiendo el contacto con él mismo, el sentido de hacer las cosas por placer o gusto personal, el niño está siendo entrenado para hacer las cosas para agradar a alguien, para conseguir buenas notas, para no ser castigados, etc.

La educación debería cuidar las ¨ganas de vivir¨ del niño. Si el niño se siente cuidado, (respetado en sus procesos vitales, acompañado por adultos que estén disponibles para ellos, y con ciertos límites que lo ayuden a ir creciendo y fortaleciéndose), tendrá ganas de construir cosas con el adulto desde el amor. Transmitiendo miedos, bajo amenazas de castigo o premios, solo conseguimos alejarlos de nosotros cada vez más.

Las escuelas y a veces las familias, acostumbramos a los niños a que sigan órdenes y buscamos que hagan siempre lo que les manda el adulto, y de esta manera estamos creando niños desconectados de sí mismos, de sus propios impulsos, de sus ganas, de sus intereses.

Sería hermoso que pudiéramos educar a los niños para que se conecten con sus emociones, sus sentimientos, sus impulsos, sus ganas, que le permitiéramos equivocarse y asumir las consecuencias de sus elecciones personales, de esta manera estarían mucho más conectados con su interior, sabrían mucho más lo que quieren, y quienes son.
Los educadores deberíamos colaborar con los niños en su búsqueda y dejar de mostrarles el camino que nosotros queremos que sigan. Quien ellos quieran ser, es su propia responsabilidad, no la de los adultos.

Cualquier educación será fantástica si cuida de la alegría y de las ganas de vivir del niño, si genera un entorno de amor y de respeto.

La escuela busca que todos aprendan lo mismo, haciendo lo mismo, el hecho de que tengamos los mismos derechos no significa que tengamos que hacer lo mismo. Hoy en día los niños con intereses y motivaciones diferentes a lo esperado (por el maestro) son diagnosticados con problemas psicológicos o psiquiátricos, y lo que es peor y más triste, algunos son medicados, solamente porque no encajan con el sistema, porque no llenan las expectativas del maestro, y se les da un mensaje horrible de que es él quien tiene un problema, siendo que en el 90% de los casos el problema es del sistema inútil que no se adapta al niño que piensa o actúa diferente.

El Ser humano es un todo, por lo tanto requiere una educación global, integral, holística. No hay un recorrido único así como no hay un niño igual a otro.

No se pueden aprender las cosas más importantes de la vida, como la libertad, el respeto, el amor, sólo en teoría, hay que ser libres en la escuela tomando decisiones, hay que sentirse respetados en la escuela para poder respetar, hay que sentirse amados y haber recibido amor para poder amar a otros. Un niño que se siente protegido, más adelante puede proteger a los demás. Primero tiene que apegarse, para desapegarse. Necesitamos una escuela más viva, más real.

Sería hermoso que la escuela pueda sembrar en el alumno la idea de que él es el único responsable de su propia vida, la idea de que la autoridad en su propia vida, es él, nadie más.

Sería hermoso que las escuelas y los docentes liberen un poco más sus expectativas con respecto al niño, y puedan brindarle la oportunidad de que se desarrollen como ellos elijan, no como el adulto quiere que lo haga.

Sería hermoso que la escuela confíe en sus alumnos, sin limitarlos, sin ponerles condiciones, sin amenazarlos, castigarlos, reprocharlos, juzgarlos. Que simplemente se dedique a descubrir a sus alumnos en sus potencialidades y ayudarlos a brillar.

Sería hermoso que borremos esos ideales que tenemos, que lastimosamente no nos dejan ver a los niños como realmente son, no nos dejan ver lo que realmente necesitan.

Si queremos y soñamos con una sociedad diferente, lo más importante es educar en el Amor y con respeto.

Empecemos a pensar en otras formas de aprendizaje, hay mucha gente en el mundo que lo está haciendo, la educación tiene que cambiar, avanzar, crecer, re inventarse. Tengo el privilegio de haber formado parte de una iniciativa en Paraguay que está enfocada en cambiar los paradigmas existentes en educación, y crear nuevas maneras de educar, y mis hijos forman parte de este hermoso y valiente proyecto educativo que sueña con hacer las cosas diferentes y generar un cambio en la sociedad, y lo está haciendo, de a poco, y con mucho amor y confianza en lo que hacen. Agradezco al CDI por permitirme formar parte de este sueño.

Comparto la carta de un grupo de alumnos dirigida a los docentes y padres de una escuela, extraída del documental ¨La educación prohibida¨.

 

¨Hoy en día la Educación está prohibida”

 

Muy poco de lo que pasa en la escuela es verdaderamente importante, y las cosas que realmente importan no se anotan en ningún cuaderno ni en ninguna carpeta.
¿Cómo encontrarnos con la vida? ¿Cómo enfrentarnos a las dificultades? No lo sabemos.
Hablan mucho de educación, progreso, un mundo mejor, pero nada de eso pasa en el aula. Nos enseñan a estar lejos unos de otros, y a competir por cosas que no tienen valor, padres y maestros no nos escuchan, no nos preguntan nunca qué opinamos, no tienen idea de qué sentimos, qué pensamos o qué queremos hacer, ¿no sería maravilloso que podamos elegir día a día ir a la escuela? Esa elección es nuestra, no de nuestros padres, que la escuela sea un lugar hermoso donde disfrutar, donde jugar, donde ser libres de elegir qué aprender y cómo aprenderlo.
Enseñarnos que las cosas pueden ser distintas, ese es el ejemplo que nos tienen que dar, sus expectativas son suyas no nuestras, y mientras la sigan teniendo vamos a seguir fallando.
Por todo esto decimos BASTA, basta de decidir por nosotros, basta de calificarnos, basta de imponernos, ni las ciencias, ni los exámenes, ni los diplomas te definen. Nosotros vamos a decidir qué queremos ser, hacer, sentir o pensar. Creemos que la educación está prohibida, no por culpa de las familias, no por culpa de los chicos, no por culpa de los docentes, la educación la prohibimos todos:

– Cada vez que elegimos mirar para otro lado en vez de escuchar.

– Cada vez que elegimos la meta en lugar del trayecto.

– Cada vez que dejamos todo igual en lugar de probar algo nuevo.